Chile, laboratorio del modelo económico neo-liberal.

« Sin semillas no hay agricultura, sin agricultura no hay alimentación, y sin alimentación no hay pueblos”. Fortalecimiento de la seguridad alimentaría chilena a través de la “campaña por la defensa de nuestras semillas”.

Indalecio NAVARRO

En el mundo actual, donde el modelo económico neo-liberal parece apoderarse del mundo, el hilo conductor de la actividad económica es la competitividad, pero en la carrera de la competitividad algunos, probablemente la mayoría, van quedando rezagados. Y esta gran mayoría suele corresponder, en la mayoría de los casos al mundo rural, al mundo campesino.

En el caso de Chile, estamos hablando de unas 270 mil familias campesinas, cerca de un millón de personas, que en conjunto explotan alrededor del 40% de la superficie cultivable de Chile y que aportan alrededor de un tercio de la producción agrícola total, especialmente en los rubros de hortalizas, frutales menores, viñas, ganadería y algunos cultivos anuales, entre otros. Sin embargo es ahí donde se encuentran los principales focos de la extrema pobreza rural: la mortalidad infantil es de casi tres veces la que se registra en el sector urbano; de las 120 comunas declaradas como las más pobres 100 son rurales; tres cuartas partes de las viviendas rurales carecen de agua potable y casi la mitad de electricidad; la tasa de analfabetismo en el sector rural era de 14% en 1998, en comparación con 3% en el sector urbano… Sus precarias condiciones de vida hacen necesarias actuaciones que vayan orientadas a la elaboración de políticas comerciales equitativas, orientadas a defender el derecho del acceso a la tierra de los agricultores, a la seguridad alimentaria y a la auto-determinación. Dentro de toda esta problemática aparece la mujer rural como portadora de la identidad cultural y también como principal oprimida.

Francisca Rodríguez (Pancha) pertenece a la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas de Chile, ANAMURI. Esta asociación, fundada hacia 1998, agrupa a mujeres organizadas de Arica a Chiloé y a mujeres indígenas de pueblos originarios Aymaras, Kollas, Diaguitas, Mapuches, Quechuas, que a la vez son pequeñas productoras, pescadoras, artesanas, asalariadas agrícolas, portadoras del folclore y de las tradiciones del campo. Organizadas en asociaciones, talleres, sociedades productivas, sindicatos, cooperativas, comités, etc. La asociación tiene representación nacional, agrupa a alrededor de 10.000 socias y se declara independiente tanto del Estado como de las organizaciones políticas chilenas.

Francisca Rodríguez critica la pésima labor de los medios de comunicación y dando voz a ANAMURI se encarga de sacar a la luz, a través de la participación en foros y debates tanto nacionales como internacionales la problemática del campesinado chileno, problemática del acceso a la tierra y a una alimentación básica (seguridad alimentaría).

Una de las acciones más importantes que se están realizando con el objetivo de garantizar esta Seguridad Alimentaría es la “Campaña por la Defensa de Nuestras Semillas”. Se han llevado a cabo labores de recogida, conservación, cuidado y siembra de semillas tradicionales a la vez que difusión de semillas entre campesinos y comunidades indígenas. Según Francisca Rodríguez : “las semillas son nuestro patrimonio, son nuestras vidas y es nuestro deber cuidarlas, conservarlas, defenderlas de la globalización depredadora del capitalismo aniquilador”.

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