¿Hay futuro para los pequeños agricultores en Rumanía?

« La Política Agrícola Común europea (PAC) fomenta la desigualdad social y margina a los pequeños agricultores rumanos”

Blanca FIGUEROA
08 / 2004

Avram Fitiu, es un agricultor rumano. Cultiva tomates y espinacas en 3000 m². Forma parte de una de los cuatro millones de familias de pequeños agricultores que serán expulsadas de su actividad con la entrada de Rumanía en la Unión Europea en el 2007.

Dentro de los países de Europa del Este, Rumanía, con 238 351 Km² y 22 millones de habitantes, es el país que tiene una mayor proporción de población rural. Sólo los agricultores rumanos y polacos igualan el total de agricultores de la “Europa de los Quince”, aproximadamente siete millones. El 43% de la población activa rumana es rural y está constituída en su mayor parte, por pequeños campesinos que ocupan el 90% de la superficie cultivada. Cada uno posee una media de tres hectáreas distribuídas en distintas parcelas y practican una agricultura de subsistencia. El 10% restante de la tierra pertenece a una minoría de latifundistas, propietarios de grandes empresas, que poseen superficies de miles de hectáreas y llevan a cabo una agricultura comercial a gran escala.

Avram Fitiu explica que en Rumanía no hay un problemas de acceso a la tierra –al menos no por ahora- sino de acceso a los medios de producción. Los pequeños agricultores viven de lo que producen. Además de posibilidades comerciales escasas, los pequeños agricultores no disponen de formas de financiación con lo que su futuro es incierto y en muchos casos se ven obligados a perder su identidad de agricultores. Con estos antecedentes, Avram Fitiu estima que la esperanza de los pequeños agricultores de mejorar su situación, con la integración de Rumanía en la Unión Europea no es nula, sino negativa.

En 1999, siguiendo los lineamientos de la « Agenda 2000 », la Unión Europea adoptó el programa SAPARD (Special Accession Programme for Agriculture & Rural Development) como instrumento agrícola de pre-adhesión para los países candidatos de Europa Central y Oriental (PECO). Este programa pretende solucionar a largo plazo los problemas de adaptación del sector agrícola y de la zonas rurales de los PECO al marco comunitario europea. Uno de los objetivos del programa SAPARD es ayudar a financiar los medios de producción requeridos en las explotaciones agrícolas, aportando una subvención del 50% sin que haya una obligación de rembolsar el dinero entregado. Sin embargo, estas disposiciones sólo se aplican a proyectos cuyo presupuesto se encuentra entre 10.000 y 4.000.000 de euros. Pero Avram Fitiu se pregunta… ¿Es más fácil gestionar un proyecto de 10,000 euros que diez de 1,000. Pero… ¿de dónde saca como mínimo 5000 euros un pequeño agricultor rumano?

La Política Agrícola Común (PAC) fomenta la desigualdad social y margina a los pequeños agricultores. El programa SAPARD beneficia exclusivamente a agricultores con acceso a medios financieros (“más obtiene el que más tiene”) en detrimento de la supervivencia y desarrollo de los pequeños agricultores, que se verán obligados a vender sus tierras y migrar a las ciudades o a los países de la “Europa de los Quince” en busca del paraíso perdido.

Para Avram Fitiu, el sector agrícola y campesino rumano debe enfrentar dos desafíos mayores.

El primero es la inexistencia de un movimiento campesino que denuncie y se oponga a los aspectos desfavorables de las políticas de pre-adhesión de la Unión Europea.

Debido a la escasa renovación generacional en el campo, la mayoría de los pequeños agricultores son personas de edad avanzada, con ideales conservadores y pro-capitalistas. A pesar de haber entrado en un proceso de democratización a partir de la Revolución del 89 y de la ejecución del dictador comunista Ceaucescu, el 25 de diciembre del mismo año, la libertad de expresión es un instrumento poco explotado en Rumanía y el capitalismo se sigue entendiendo como la salvación contra el diablo del comunismo. Esto explica en parte porqué los campesinos y agricultores rumanos no se han organizado, ni fomentado la creación de cooperativas. Además, los dos sindicatos nacionales (LAPAR y UNPAR), liderados por latifundistas, empresarios o por personajes del gobierno y que defienden lógicamente los intereses de estos grupos, promueven une imagen negativa del derecho de asociación. Por todo ello, no hay estructuras de apoyo sólidamente implantadas que fomenten la constitución de un movimiento de defensa de los derechos de los agricultores y campesinos rumanos.

Avram Fitiu como Secretario General de la Federación Nacional de Agricultura Ecológica (FNAE) no solo pretende fomentar un modelo de desarrollo sostenible para el sector rural rumano sino también desarrollar y consolidar el movimiento campesino en Rumanía. La FNAE presenta y promueve la agricultura ecológica como una alternativa sostenible, más dinámica y más abierta que la agricultura tradicional. Busca proteger los derechos de los agricultores ecológicos además de promover un mercado que satisfaga la demanda específica, cada vez más extendida en Europa, de productos ecológicos. Instituciones como ésta son el germen de las asociaciones entre pequeños agricultores.

El segundo desafío es la formación y capacitación de los campesinos. Los liceos agrícolas forman sobretodo obreros que trabajan en empresas relacionadas de forma indirecta con la agricultura (maquinaria, fitosanitarios, etc.) y mas no agricultores. Las nuevas generaciones no comparten ya la identidad campesina y agrícola de sus padres.

Como profesor de agroecología en la Universidad de Ciencias Agrarias de Cluj-Napoca, Avram Fitiu, pone de manifiesto su apoyo al desarrollo sostenible de la agricultura y del sector rural rumano. Actualmente, está en proyecto la creación de un Master de Agroecología comunitario con la colaboración de doce Universidades europeas entre las que se incluye la de Cluj-Napoca. El Master consistirá en la formación de un grupo de estudiantes de las doce nacionalidades que irá rotando por las doce Universidades asociadas. Este tipo de programa de intercambio de conocimiento y de experiencias, permite conocer la diversidad tanto cultural como de las estructuras agrarias comunitarias, con el fin de fomentar modelos viables de desarrollo agrícola sostenible.

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