Un proceso colectivo de desarrollo rural en el sur de Europa destruido por su éxito

Aprendizajes de la reforma agraria portuguesa (1975-1986)

Santiago B. MARIÑO
08 / 2004

De las revueltas campesinas a la ley de la Reforma Agraria

La reforma agraria de Portugal se enmarca en la revolución de Los Claveles, del 25 de abril de 1974, en la que militares jóvenes se levantan contra al dictadura de Salazar. En breves días, casi sin disparos y apoyados por toda la sociedad, los militares derrocaron la dictadura quedando el gobierno en manos de la sociedad civil.

En esa época, las zonas rurales de Portugal estaban constituidas, en gran parte, por latifundios absentistas–con abandono de la producción- en los que trabajaba mucha mano de obra campesina en pésimas condiciones de vida y bajo una fuerte opresión política y social.

A pesar de la nacionalización de diferentes sectores (fábricas, medios de comunicación, servicios públicos) que se efectúa con el inicio del proceso revolucionario, el poder económico de la burguesía portuguesa se mantuvo. Sin embargo, la ocupación de latifundios, en octubre de 1974 por obreros del campo, mostró la urgente necesidad de llevar a cabo una reforma agraria. En marzo de 1975, se procede a la nacionalizan de los sectores decisivos de la economía y se da un fuerte impulso a la reforma agraria. Tras las discusiones entre empleados agrarios, sindicatos, jóvenes militares, intelectuales, los partidos comunista y socialista y con la presión social tanto en el medio rural como urbano, se promulga a finales del mes de julio de 1975, la Ley de Reforma Agraria. Sin embargo, cuando la Ley fue publicada una parte importante de los latifundios ya estaban abolidos por la vía de los hechos. Es así como, de los 3.000.000 ha agrarias de Alentejo –región situada en el interior del sur de Portugal- 1.140.000 ha se convirtieron en cooperativas, 900.000 ha pasaron a ser propiedad de pequeños agricultores y 1.000.000 ha quedó en manos de latifundistas medios que no fueron expropiados con la Ley.

Los logros de la Reforma Agraria: mucho más que la distribución de tierras

Se consiguieron crear 550 unidades colectivas de producción en las que trabajaban alrededor 25.000 de los antiguos campesinos y otros 70.000 nuevos.

Se crearon puestos de trabajo remunerados en mejores condiciones que el trabajo en los latifundios que permitió : trabajo justo y comida, consiguiendo una gran mejora del nivel de vida rural de 200.000 productores agrarios. Se consiguió también un aspecto con sentido muy importante para la población rural: la libertad, para tomar decisiones y llevar las riendas del propio destino, y salir del yugo de la opresión de la dictadura.

En los antiguos latifundios cerealistas en secano, se realizaron mejoras productivas con la introducción del regadío, de nuevos cultivos (maíz, tabaco, árboles frutales) y de nuevas especies de ovinos, bovinos y porcinos.

Se creó una Oficina Mecánica en cada municipio, para la asistencia técnica de la maquinaria agraria de las cooperativas, la cual también daba servicio a otros pequeños campesinos de la zona.

Se crearon otros servicios sociales como jardines de infantes para permitir que las mujeres con hijos trabajen y asilos para los retirados.

Con el fin de poner en marcha un plan de desarrollo integral del sector rural, se creó también una central de comercialización, llamada Cooperativa de la Reforma Agraria, y se puso en funcionamiento, tanto en las ciudades como en los pueblos, mercados para comercializar la producción agrícola.

La Reforma Agraria en Portugal no representó solamente la distribución de tierras de los grandes latifundistas. La reforma agraria significó pasar de una estructura latifundista improductiva con un fuerte porcentaje de campesinos empobrecidos a un sector rural productivo, equitativo, dinámico y participativo.

La base de la Reforma Agraria: la organización social y la conciencia colectiva de lucha

La Reforma Agraria se desarrolló con el apoyo del Estado, pero la iniciativa surgió desde los movimientos de base, mediante la movilización de los campesinos y agricultores que venían organizando la lucha social desde hace varias décadas atrás.

Sin embargo, los campesinos portugueses reivindicaban un acceso colectivo a la propiedad de la tierra y mas no a título privado o individual, ya que de esta última forma sería un fracaso por no tener acceso a los demás medios productivos (financiamiento, maquinaria, apoyo técnico).

Principales obstáculos del proceso de Reforma Agraria

Paradójicamente, los primeros obstáculos al proceso de reforma agraria vinieron del Estado, ya que en un principio, no otorgó a las recientes cooperativas los créditos necesarios para activar la producción agrícola. La promulgación de la Ley de Reforma Agraria se dio en un contexto de fuerte presión social, con lo cual el Estado se vio forzado a ceder. Solo fue a partir de la nacionalización de la banca, en más del 90%, que los créditos fueron desbloqueados.

Se encontró también el problema de la escasa motivación del personal técnico de la Administración del Estado en apoyar las cooperativas de la Reforma Agraria. Este problema se solucionó sustituyendo progresivamente a los técnicos conservadores por técnicos jóvenes motivados a apoyar el proceso. Incluso los obreros del campo eran reticentes a técnicos de otras zonas, prefiriendo los técnicos locales.

Uno de los problemas internos fue la aplicación del principio de “pago igualitario”. Este método de remuneración no correspondía a los diferentes puestos de trabajo a las diferencias individuales en el interés, trabajo y motivación de los trabajadores de la Reforma Agraria, por eso se decidió elaborar una tabla salarial.

La ofensiva contra la Reforma Agraria: denuncia de un plan de destrucción

Los éxitos evidentes de la Reforma Agraria, protagonizada por trabajadores del campo organizados colectivamente, aunque solo eran propietarios del 30% de la tierra en Alentejo, no agradaba a todos por igual, en especial a los sectores conservadores, que denunciaban la reforma como un mal ejemplo de desarrollo.

El embajador de EEUU, Sr. Caruchi, presionó al gobierno socialista de Mario Soares –quién asumió el poder ejecutivo en 1977- a sustituir al Ministro de Agricultura por el Sr. Barreto. A partir de esta manipulación política, se decretó la Ley Barreto, que tenía como objetivo final la devolución de la tierra a los antiguos propietarios latifundistas.

La aplicación de esta ley se hizo con el envío de la Guardia Nacional Republicana a las cooperativas. Se comenzó entonces un periodo de resistencia pacífica, con movimientos de retirada y de reocupación en cuanto los militares se marchaban a desalojar otras cooperativas. Esta situación de lucha agravó lógicamente los problemas productivos y de gestión de las cooperativas, empeorando así la situación económica del campesinado. Para 1985, el ejército había devuelto, a los antiguos latifundistas, las mejores tierras de cultivo y mejoradas con la irrigación. En el año 1986 la Reforma Agraria quedó destruida por el propio Estado, divulgando la idea de que no era un modelo viable de desarrollo.

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